Escola de Teràpia d'Integració Psico-corporal (ETIP) - Escuela de Terapia de Integración Psico-corporal

Derecho a la conexión psicoemocional entre la madre y el feto

Realizado por Llúcia Arilla

 Llegamos a la vida con toda una serie de necesidades que hemos de poder satisfacer  para desarrollarnos como personas. Éste es un proceso que no podemos hacer nosotros solos y para ello necesitamos comunicarnos y realizar intercambios con el mundo. El resultado de esta interacción debería ser que la satisfacción supere a la frustración. Esto sólo es posible si la persona ha podido establecer una buena conexión psico-emocional con sus objetos pulsionales: la madre y el padre, principalmente. Sin una buena conexión, a los padres les resultará difícil percibir adecuadamente qué le pasa y qué necesita su hijo/a en cada etapa de su desarrollo.

La posibilidad de establecer un buen vínculo afectivo, es decir, que los objetos sean capaces de satisfacer nuestras necesidades más básicas, es lo único que puede motivar, de una manera genuina, a una persona. Sin la presencia del otro, la persona carece de verdadera motivación profunda para vivir y  para sentir.

La vida que no contacta con algo externo a ella, para tener una referencia humana donde asirse, carecerá de algo indispensable:  el soporte que va más allá de ella misma. Este soporte es la madre.

Dada la importancia de este proceso, deberíamos cuestionarnos en qué momento de nuestro desarrollo se inicia. Normalmente, las madres no se predisponen internamente a entrar en contacto con su hijo/a al comienzo del embarazo. El mensaje que se da en muchas ocasiones, por parte de la medicina oficial, es que la mujer debe despreocuparse porque no va a sentir al feto hasta el tercer mes del embarazo, que es cuando, por su tamaño, empezará a ser más consciente de su presencia. Sin embargo,  consideramos que es importante que la madre conecte con su hijo/a desde el mismo momento de la concepción y si esto no es posible, cuanto antes, ya que en estas etapas tan primarias del desarrollo, la supervivencia y la evolución del niño/a depende de una manera absoluta, del contacto que establezca con su madre.

Como ya sabemos, un óvulo se desprende del ovario y va hacia las trompas de Falopio donde se une con un espermatozoide. Cuando el óvulo es fecundado sigue su recorrido por la trompa durante seis o siete días, hasta entrar en el útero e implantarse en el endometrio. Ésta es una etapa de contacto fusional muy potente, donde el nuevo ser se encuentra totalmente inmerso en los fluidos de la madre, en un peregrinaje hasta alcanzar un centro sólido donde implantarse. 

Pero puede pasar que la trompa de Falopio esté llena de mucosidades, que el medio químico en el que se encuentra el cigoto sea excesivamente ácido, que la temperatura sea demasiado alta o que se produzcan contracciones violentas… El motivo de que las  condiciones biológicas no sean las más óptimas para el ser que se está empezando a formar puede ser que a nivel psico-emocional inconsciente, la mujer no acepte su embarazo, debido a que no siente el deseo de tener un hijo o por estar viviendo una situación emocional conflictiva. También puede padecer alguna enfermedad y  obstruir los procesos biológicos que originan los cambios corporales que favorecen la implantación y la protección del nuevo ser, hasta el punto de plantear serias dificultades para su supervivencia.

En estos casos, los procesos biológicos del embrión-feto, entran en conflicto con el ecosistema intrauterino, verdadera caja de resonancia de los procesos psico-emocionales de la madre y como la supervivencia del nuevo ser depende totalmente del vínculo que establece con su madre, la pérdida de este contacto le puede suponer la  muerte. Si la nueva vida no perece, estas contrariedades establecerán en la persona un registro profundo e inconsciente rechazo que, muy probablemente, se mantendrá a lo largo de toda la vida.

Todas las personas hemos pasado por estas vivencias, de un modo positivo o negativo. La relación que establecemos con nuestros hijos y la que establecimos con nuestra madre, empezó aquí. Habitualmente no se otorga importancia a estas primeras etapas del desarrollo, pero nuestra experiencia clínica nos confirma que resultan tan trascendentes como las siguientes.

Si las mujeres estamos en contacto con nuestros cuerpos y nos sentimos, podremos darnos cuenta de cuando hemos quedado embarazadas. Esto nos da espacio y tiempo para tomar conciencia de lo que acontece y podemos conectar psico-emocionalmente con nuestros hijos en fases muy tempranas. Nuestros hijos tienen derecho a desarrollarse dentro de un vientre que, desde el mismo momento en que son concebidos, los reciba, acoja y los envuelva con  amor, calidez y responsabilidad.