Escola de Teràpia d'Integració Psico-corporal (ETIP) - Escuela de Terapia de Integración Psico-corporal

Derecho a la reparación posnatal de los traumas del embarazo y el nacimiento

Realizado por Juana Fernández

El mayor trauma que puede sufrir un feto durante el embarazo es que su madre lo rechace consciente o inconscientemente. Los motivos de este rechazo pueden pasar por una falta de madurez emocional que le dificulta asumir la función de madre, una relación insegura con la pareja, hostilidad en el marco familiar, posibles problemas económicos o problemas profesionales. En todos los casos, nos encontraremos con una madre que, al no aceptar plenamente su maternidad, tendrá dificultades para establecer con su hijo el contacto tranquilo, profundo y nutritivo que todo nuevo ser necesita para desarrollarse y, por tanto, este niño/a se gestará en un medio que le resultará hostil. La  consecuencia más importante de las dificultades para establecer un buen contacto intrauterino, es que el sentido básico de confianza de su hijo puede quedar dañado y empezar a establecerse el registro de que no es querido, ni bien recibido, ni aceptado incondicionalmente. Esta situación se puede agravar aún más, debido a que esta falta de contacto entre madre e hijo/a aumenta considerablemente el riesgo de que se produzcan complicaciones durante el parto.

Cuando hablamos de situaciones traumáticas durante el parto hacemos referencia a todas aquellas en las que, por alguna circunstancia, la vida del feto llega a encontrarse en peligro como es el caso de niños prematuros, partos más largos de 14-15 horas o nacer con vueltas en el cordón umbilical. Un parto también es traumático cuando se interrumpe de un modo significativo el desarrollo natural del nacimiento y, por tanto, impide que el niño realice todo el proceso biológico para el que estamos genéticamente programados. Este es el caso de los partos inducidos, partos cuya duración es inferior a unas seis horas, cuando se utilizan forceps o las cesáreas. Para muchas personas esta afirmación puede resultar un tanto sorprendente, pues existe la falsa creencia de que en los partos por cesárea los niños sufren menos o que un parto rápido es un buen parto. Es evidente que cuando el feto tiene que pasar por el canal vaginal, la presión que siente es cada vez más fuerte y, por tanto, el ahogo y el esfuerzo también lo es e incluso el cordón umbilical puede llegar a enrollarse y poner su vida en peligro. Pero aunque el nacimiento es una situación que siempre resulta difícil, también hemos de ser conscientes de que el contacto que se establece entre madre e hijo es por primera vez tan estrecho. El movimiento de propulsión y de salida del canal vaginal es un movimiento orgásmico en el que todo el cuerpo del niño/a se encuentra en el más íntimo contacto con el de su madre y la experiencia clínica nos ha confirmado que el niño/a podría llegar a sentir un placer inmenso. ¿Cómo puede vivir el niño/a que está naciendo, que su madre le prive de esta experiencia única en toda nuestra existencia? Si la madre no dilata no le permite penetrar en el canal vaginal y puede quedarse atrapado sin poder salir por sí mismo. También puede que su paso por el canal vaginal sea tan rápido que lo viva como si su madre lo expulsara. Los registros de estas situaciones variarán en cada niño/a, pero lo común, en todos los casos, es que no ha podido establecer con su madre el contacto intenso, íntimo y placentero que debería haberse producido.

Esta carencia de un contacto íntimo placentero se agrava en aquellos partos en los que al recién nacido no se le permite reestablecer inmediatamente la relación con su madre. Este suele ser el caso de los niños que nacen por cesárea o que deben permanecer en una incubadora. Pero como además, en los partos complicados, tampoco se permite la presencia del padre, el contacto que recibe el recién nacido es el contacto frío y despersonalizado que proviene del personal sanitario y no de sus progenitores.

Las dificultades con el contacto íntimo que toda esta situación puede generar en una persona podrían repararse en gran medida con lactancia materna prolongada (hasta los tres años aproximadamente). La intimidad y el contacto que se establece entre madre e hijo/a puede llegar a compensar parte del trauma. Sin embargo es bastante frecuente que después de un parto traumático no llegue a establecerse la lactancia materna. Esto suele ser debido a las tempranas separaciones entre madre e hijo, a las complicaciones médicas, al estrés de este tipo de parto e incluso a la sensación de culpa muchas veces no reconocida de la madre.
Pero además, al trauma de no sentirse plenamente aceptados por su madre durante la gestación y a los traumas derivados del parto hay que añadir que en muchas ocasiones las experiencias dolorosas y aterradoras inmediatamente posteriores al parto pueden ser  tan o más traumáticas que el mismo parto. Este es el caso de los niños prematuros que deben permanecer en una incubadora durante semanas o meses, sin tener apenas contacto con su madre ni con su padre, rodeados de instrumental y aparatos, sometidos a toda una serie de exploraciones y técnicas médicas que les producen dolor y miedo.

El registro que tienen los niños que han sufrido un trauma de nacimiento es, por tanto, de frustración, miedo, dolor, impotencia, rabia e incapacidad. Es importante que les podamos ayudar a procesar e integrar estas emociones con el objetivo de intentar evitar, en lo posible, el sufrimiento y dificultades que puedan tener en el futuro.

Frente a un niño/a que ha sufrido un trauma de nacimiento, lo primero a considerar es que en todas las personas existe una tendencia biológica natural a la salud y al equilibrio fisiológico. Por tanto, cuando se dan las condiciones óptimas, los bebés pueden recuperarse de muchos de los efectos del estrés y los traumas vividos. Pero este proceso no pueden hacerlo solos. Dada la situación de extrema dependencia en la que se encuentran, necesitan que los padres entren en sintonía con lo que les ocurre y sepan interpretar las señales corporales que envían. Hablamos de señales y signos corporales ya que al tratarse de una experiencia preverbal es en el cuerpo donde se acumula el trauma.

Si los padres están atentos y dispuestos emocionalmente a compartir esta experiencia con su hijo, podrán observar como a las pocas horas los bebés tienden a repetir de una manera espontánea su nacimiento. Nuestra experiencia es que los bebés que han sufrido un trauma de nacimiento responden a estímulos corporales muy suaves reviviendo el trauma con una fuerte conexión emocional. Este es el caso de un niño que nació por cesárea y que rompía a llorar desesperadamente sólo con que uno de sus padres apoyara suavemente sus manos en la parte superior de su cabeza. Automáticamente surgía en él el impulso de empujar con fuerza contra las manos.

Para ayudar a estos niños/as a empezar a reparar el trauma de nacimiento es importante que, a partir de esta conexión emocional, se intente que el niño reconstruya la experiencia traumática, pero obteniendo el éxito que no pudo conseguir en su día. Por ejemplo, el niño nacido por cesárea debe reconstruir la experiencia de nacer a través del canal vaginal y el niño que nació con forceps la experiencia de poder acabar de salir del canal vaginal por sí mismo. Esto favorece un cambio de registro donde el niño puede recuperar la fuerza, la potencia y la dignidad que le fue arrebatada en su nacimiento.

Para terminar me gustaría enfatizar la necesidad de intentar, en lo posible, prevenir los traumas antes de que ocurran. Actualmente todo el seguimiento del embarazo y la preparación al parto se circunscribe a los aspectos puramente fisiológicos lo que pone en evidencia la necesidad de una mayor toma de conciencia por parte de los padres, las instituciones médicas y de la sociedad en general de la relación que existe entre las dificultades y carencias emocionales de la madre gestante y los problemas que se producen durante el embarazo y el parto. Por ello consideramos imprescindible, la necesidad de incluir, de modo rutinario, la atención psicológica en las unidades sanitarias de maternidad.