Escola de Teràpia d'Integració Psico-corporal (ETIP) - Escuela de Terapia de Integración Psico-corporal

Derecho al parto natural

Realizado por Elisabeth Schaupp

 El nacimiento de una nueva vida debería ser la culminación de un proceso, que ya se hubiera iniciado durante el embarazo, de comunicación íntima e intensa entre la madre y su hijo/a, en donde el diálogo físico, emocional y energético entre ambos permitiera que el parto se desarrollara de un modo natural, sin que intervenciones bioquímicas o mecánicas entorpecieran o debilitaran este contacto único.
 
Todas las emociones, vivencias e incidencias del parto, la calidad de la acogida del bebé, el primer contacto con la piel, el olor y la mirada de la madre y también la del padre, el inicio del amamantamiento… son experiencias que dejan una profunda huella en el recién nacido y acabarán determinando, en gran medida, la percepción que tendrá de sí mismo y su modo de relacionarse con el mundo. Si el nacimiento se produce de un modo natural, en un ambiente sensible a las necesidades emocionales y físicas del bebé y de su madre, es muy probable que el recién nacido se sienta bien recibido, querido y cuidado y que su primera percepción del mundo sea la de un lugar acogedor y cálido. Si por lo contrario, el parto resulta traumático, significa que el niño/a se ha sentido en peligro, agredido y que sus necesidades no han sido tenidas en cuenta. En este caso puede que su primera impresión del mundo sea la de un lugar hostil y amenazante.

Para los progenitores, la experiencia del parto también tiene consecuencias, pues cuando el  nacimiento se convierte en una experiencia angustiante y frustrante, los padres pueden presentar dificultades para establecer un vínculo afectivo sólido y profundo con su hijo/a. Lo que puede acabar traduciéndose en que la lactancia materna no se produzca o que tengan dificultades para aceptar el llanto de su hijo/a, que es el modo que tiene el bebé de expresarse emocionalmente.
 
El proceso natural de un parto se interrumpe y surgen problemas cuando el contacto y el diálogo entre la madre y su hijo/a se rompe o debilita. Las causas principales que pueden provocar esta situación son un ambiente hospitalario frío, despersonalizado y poco empático con las necesidades de la madre, una utilización inadecuada de la tecnología obstétrica y para nosotros el factor más determinante los conflictos emocionales sin resolver de la madre, que le impiden entregarse a esta experiencia con confianza y desplegar toda su capacidad natural e instintiva para colaborar con su hijo/a en su nacimiento.

Dado que este proceso natural se puede bloquear con relativa facilidad, debido a la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran tanto la madre como su hijo/a, es necesario que se tengan en cuenta y se cuiden todos los aspectos que pueden entorpecer su buen desarrollo.
 
Defendemos la necesidad de los padres a recibir toda la información necesaria sobre el desarrollo del parto, que les permita manifestar sus desacuerdos sobre determinados procedimientos y realizar pedidos específicos sobre el modo que desean que nazca su hijo. Para ello es fundamental que las infraestructuras sanitarias empiecen a adaptarse a las necesidades de la parturienta y no al contrario y que se le permita, entre otras cosas, libertad de movimiento y poder escoger la postura que le resulte más adecuada tanto en la fase de dilatación como durante el parto.

Estamos en total desacuerdo con el uso generalizado e indiscriminado de anestesias como la epidural o de la aplicación de la oxitocina, porque impiden o dificultan que la madre pueda colaborar activamente en el nacimiento de su hijo/a. En esta situación, la madre necesita mantenerse plenamente consciente de su cuerpo, de lo que siente y estar receptiva a las manifestaciones y respuestas de su bebé y que, en todo momento, sean respetados sus ritmos fisiológicos, así como su tiempo particular de evolución. Del mismo modo consideramos que la aplicación de técnicas traumáticas como la ruptura de membranas, las cesáreas, los forceps y las ventosas sólo deben aplicarse cuando resulten absolutamente necesarias. El objetivo debe ser que la tecnología se encuentre siempre al servicio del niño/a y su madre, de su bienestar y equilibrio somático-emocional, y no de las instituciones médicas que, demasiado a menudo, priorizan los intereses de los profesionales o toman decisiones basándose más en cuestiones económicas. Consideramos necesario ir perfilando, cada vez con mayor claridad, en qué casos resulta imprescindible recurrir a la tecnología obstétrica y cuándo hay que dejar que la madre realice el proceso de un modo natural, aunque con todo el apoyo que resulte necesario.
 
Todos sabemos que nuestros conflictos emocionales el miedo, la rabia, la angustia y nuestras inseguridades nos crean dificultades en las relaciones con amistades, familiares, compañeros del trabajo o para disfrutar de la sexualidad. Pero es necesario  tomar conciencia de que también nos crean problemas para mantener un buen contacto con el hijo/a que hemos gestado y que hemos de ayudar a nacer. Pensemos que, durante el parto, cuando el niño/a pasa por el canal vaginal, se produce un contacto muy intenso y estrecho, en el que el cuerpo de la madre y el bebé tienen que acoplarse y sincronizar sus ritmos, siendo la madre literalmente penetrada por el cuerpo de su hijo/a y pudiendo llegar a sentir ambos un gran placer. La experiencia clínica nos ha confirmado que, en muchas ocasiones, cuando la madre tiene problemas para aceptar y entregarse a este tipo de contacto, se producen complicaciones durante la fase de dilatación y/o en el parto.

Ya durante el embarazo, la madre debería recibir la atención psicológica necesaria que le permitiera tomar conciencia de los sentimientos y emociones que puedan entorpecer el establecimiento de un vínculo afectivo con el hijo/a que se desarrolla en su interior. Deberían procesarse, en la medida de lo posible, todas las circunstancias que provoquen en la madre un alto nivel de estrés o ansiedad: el posible rechazo, aunque sea inconsciente, a quedarse embarazada; la posible decepción cuando el sexo del bebé no coincide con el deseado; la angustia de haber perdido a un bebé en un embarazo anterior; problemas económicos; el miedo a no poder soportar el dolor del parto; posibles problemas de pareja o dificultades para compaginar el embarazo y el nacimiento de un hijo/a con sus proyectos profesionales, etc...
 
Si durante el parto queremos ayudar a la madre a mantener el contacto con su hijo/a, a pesar de las dificultades que puedan surgir, hemos de cuidar que el espacio donde se va a producir el nacimiento sea un lugar acogedor que permita privacidad, intimidad, calma y protección. Durante todo el proceso del parto, la madre debe estar acompañada de personas de su confianza, con las que pueda compartir todo lo que le ocurre y siente y en las que poder apoyarse emocionalmente en los momentos más complicados.           La madre debería establecer, ya durante el embarazo, una relación de confianza con los profesionales que la van a atender durante el nacimiento. De lo contrario, es muy probable, que bloquee sus expresiones emocionales. La madre debe poder expresar el miedo y el dolor, u otra emoción, con libertad, sin miedo a sentirse juzgada o recriminada. Esto puede ayudarla a abrirse, física y mentalmente, a esta experiencia, favoreciendo que el nacimiento de su hijo/a sea una experiencia positiva.

El parto es una situación en la que tanto la madre como su hijo se encuentran extremadamente vulnerables y sensibles a todo lo que ocurre y si no reciben todo el contacto, apoyo y empatía que física y emocionalmente necesitan. Dada la trascendencia que tienen todas las vivencias del parto, para nuestra posterior visión de la vida, consideramos imprescindible y obligado, que se cuiden y faciliten las condiciones más óptimas para que el contacto entre la madre y su bebé no se interrumpa durante todo el proceso de nacimiento, en una actitud de profundo respeto al inicio de la vida.